This is us  – ¡No al spoiler! (Parte II)

Es posible que, como a mí, te toque trabajar con personas que están a cientos de kilómetros de distancia.

Interactuás todos los días, probablemente desde hace años, con un ser que solo viste en alguna call con cámara (y que disimuló sus lagañas lo mejor posible), pero te cuesta imaginarlo en una vida “3D”. Para todos, solo existe cuando prendés la computadora y desaparece al decir: hasta mañana.

Suelen ser letritas que mágicamente aparecen en tu box de Skype, voces en algún mensaje de Whatsapp y fotos con Photoshop (mal hechas) en los perfiles de sus redes sociales. Estas formas remotas de “conocer” a tus compañeros de trabajo habría espantado a nuestros antepasados, y probablemente, muchos hubiesen hecho algún conjuro por esa imagen que aparece de la nada con movimientos, voz y vómito de bebé en la solapa.

¡Pero nuestra realidad es esta! Tenemos la suerte de que con muchos coworkers, después de haber pasado varios años, nos estrechamos en algún fuerte abrazo real y cómplice por tantos momentos de aguante digital y nos dijimos casi sin querer queriendo: “qué lindo conocerte en persona después de 9 años (mientras se nos pianta algún lagrimón)”. Otros, en cambio, siguen aún en la lista de espera para emerger en algún encuentro futurista para darte una palmadita en la espalda mientras planean susurrarte, malévolamente, alguna de las tantas salvadas que le debés.

La empatía, (seamos optimistas te lo pido ¡por favor!), surge a pesar de las distancias. Es un Tinder laboral, pero casi no electivo, que intenta que todo funcione con la mejor armonía posible para no sentirnos tan solos en la humedad del hogar, los juguetes tirados y la ropa del tender colgada en el comedor mientras se hierve la coliflor.

Largas horas de planificación, ejecución, discusión, entre otros, hacen que tus “acompañantes terapéuticos laborales” terminen llegándote al corazón o, al menos, a tu disco rígido. Quizás llevás años contándoles tus andanzas amorosas, las canas que te sacó tu prole, o se te pidió consuelo por los infortunios que le pronostica intrépidamente el horóscopo diario.

Son ellos lo que te hacen enojar, te regalan una carcajada o una caricia a la distancia que sentís cercana. Son ellos, los que te bancan y esperan ser bancados en la complicidad del trabajo en equipo, aunque sea solo a través de una pantalla.

Son ellos, los que al fin y al cabo, te hacen contar las horas, para tenerlos frente a frente y poder decirle: “¡ey, sos de verdad!”.

Laura V. Jmelnitzky
In Good Spanish

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