La creatividad, ¿es o se hace?

Sin lugar a dudas hay personas más creativas que otras. Nos suelen sorprender aquellas personas que de la nada sacan miles de ideas de una galera imaginaria y creemos que nunca podremos estar a su altura y nivel de imaginación, simplemente porque creemos que el conejo vive ahí adentro.

Para dar un primer acercamiento, hay una frase de Albert Einstein que deberíamos tomar como ejemplo: “La creatividad es la inteligencia divirtiéndose”. Me parece tan acertada que, de hecho, suelo utilizarla como recurso de bienvenida en charlas y talleres.

Pero entonces, ¿se es creativo? ¿Se nace creativo o se aprende, o ya no hay nada qué hacer?

Claramente, hay gente que tiene una capacidad diferente de ver las cosas y da rienda suelta a su imaginación 24/7, mientras que otros se quedan mirando la nada esforzándose para generar algo que consideren innovador.

Es cierto que algunos tienen la facilidad de pensar y generar de una forma más natural, pero también desmitifiquemos y sepamos que la creatividad se “practica” a voluntad con algunas simples técnicas.

La creatividad es la manera práctica que le damos a la resolución de problemas o a la generación de ideas que no suelen estar dentro de los cánones que consideramos convencionales. Sería como pintar con crayones el dibujo por fuera de la línea y entender que eso ¡está bien!

Si pensás que te cuesta el pensamiento creativo, van acá unos consejos para que puedas ir aceitando tu capacidad de pensar más allá de lo obvio.

Reconocer los detonantes:
Los detonantes son aquellas ideas que aparecen porque algo de forma inconsciente “las hizo aparecer”, pero no es magia. Suelen ser palabras, olores, sonidos, etc. que vamos relacionando y encadenando sin darnos cuenta hasta llegar a una idea final. Por ejemplo: si estoy pensando en escribir un cuento sobre una familia de ogros, mi pensamiento me lleva a la imagen de Shrek. Eso es un detonante.

Usar los detonantes como disparadores:
En el párrafo anterior te mencioné “Shrek”. Seguramente miles de ideas empiezan a brotar en tu cabeza.

Imaginaste la aldea, a Fiona, Burro, el Gato con botas y cada uno de los personajes, Farfaraway… Posiblemente, en este momento, en algún lugar de tu cabeza, esté sonando: Accidentally in love de Counting Crows o te recuerde situaciones de con quién viste la película, dónde, cuántas veces, etc. Entonces, con un hilo mágico, empezás a armar tu propia historia con tu propia música, tus propios personajes y lugares donde vas a poder desarrollar todas tus ideas nuevas, pero habiendo usado, ya casi sin que recuerdes, una idea original.

Esta especie de brainstorming inconsciente es parte del inicio de todo proceso creativo.

Ahora que ya sabemos un poquito más, podemos entender que, a partir de una idea original, nos empieza a llegar una lluvia de ideas relacionadas (o a veces no tanto) y que se empiezan, de a poco, a separar de la base que teníamos y para poder transmitirlas de una manera desapegada de la idea fuente.

La creatividad tiene como objetivo, justamente, crear. Desacartonarnos y atrevernos a ir un poco más allá. Escapar de la literalidad y poder dar rienda suelta a una intrépida catarata de nexos que nunca parecen terminar una vez que los ponemos en práctica y que necesitan que nos animemos a tomar el riesgo de pensar “más allá de…”.

Es, por ejemplo, una transcreation, donde tomamos un texto base y lo reformulamos hasta casi perder la noción que teníamos una versión original. ¿Quedó más claro ahora?

Entonces, ¿podemos divertirnos con un pensamiento creativo? ¡Claro que sí! Ya lo dijo nuestro querido Albert, es más, lo pide a gritos: ¡abrile la puerta que quiere salir a jugar!

Laura Jmelnitzky
In Good Spanish

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