Traductores, ¿se animan a ser gerentes de proyectos?

Melina Delpontigo

Melina Delpontigo
Operations Manager
GoBetween LSP

En relación con el artículo del blog del 10 de febrero titulado “Localization Project Manager: comentarios y estrategias sobre el rol desde una experiencia personal”, comparto un resumen de mi experiencia para que todos los traductores se animen a dar un paso adelante en nuestra industria y descubran la práctica enriquecedora de la gerencia de proyectos.
Durante algunos años de mi carrera, me desempeñé como gerente de proyectos (o PM, como lo llamamos a diario). Cuando se me propuso capacitarme para el puesto, pensé: “¿Cómo podré aplicar mi formación de traductora a este tipo de puesto? ¿Me alejaré mucho de la traducción?” Temía que mi función solo se limitara a la gestión, tarea muy alejada de lo lingüístico. Sin embargo, con el tiempo descubrí que fusionar estos conocimientos completamente distintos en el ciclo de vida de un proyecto tendría muchas ventajas a nivel operativo y personal.
A continuación, les comparto algunas de ellas.
– A nivel operativo, cuando recibía un proyecto, no solo lo evaluaba para determinar métricas, presupuesto, tiempo de entrega, etc., sino que también lo analizaba para detectar particularidades lingüísticas y estilísticas, como qué tipo de texto era, qué registro era el adecuado, qué estructura gramatical se prefería para los títulos, etc. Si el cliente no cuenta con una guía de estilo, es crucial definir este tipo de pautas antes de comenzar a traducir cualquier texto.
– Una vez que las definía con el cliente, podía trasmitírselas a mis equipos para que el proyecto fluyera sin interrupciones y tuviera la coherencia correcta. Si bien esa evaluación insume un poco más de tiempo, disminuye el riesgo de un cambio de alcance sobre la marcha, que puede generar un esfuerzo adicional y demorar la entrega.
También lo hacía porque recordaba lo tedioso que me resultaba recibir un proyecto sin ninguna instrucción y, como traductora, tener que hacer esa evaluación y consultar al PM. Parece obvio que el traductor deba hacerlo, pero, a veces, no tiene demasiado tiempo ni conoce al cliente lo suficiente como para tomar ese tipo de decisiones y mitigar riesgos.
– Otra ventaja de poder evaluar los textos desde el punto de vista lingüístico era que podía ayudar al equipo de traductores cuando surgían dudas y agotar todos los recursos antes de enviar una consulta al cliente.
– También me permitió evaluar la productividad con más efectividad. Con la velocidad en que se mueve nuestra industria, es fundamental saber de métricas y de nivel de complejidad textual. Conocía muy bien la cantidad de palabras que podemos producir en una jornada laboral y, también, lo que implicaba la dificultad de un texto a la hora de calcular las métricas de traducción diaria. Si analizaba que se trataba de un texto sumamente técnico que requería una búsqueda de terminología más exhaustiva, negociaba una mejor fecha de entrega con el cliente para poder reducir las métricas y no trabajar contra reloj. Esta evaluación garantizaba que el equipo trabajara sin presiones y realizara el trabajo de manera óptima.

– A nivel personal, la ventaja más valiosa de ser PM fue el vínculo que pude generar con los equipos. Ellos sabían que podían contar conmigo durante todo el proceso, ya que podíamos debatir cuestiones lingüísticas entre todos. No solo era la persona que les enviaba el proyecto, sino también una colega más que hablaba el mismo idioma. Además, entre texto y texto, podía descubrir los campos de traducción en los que se sentían más cómodos y sus preferencias. De esta forma, ya sabía quién era el traductor ideal para que un proyecto saliera perfecto. Desde mi punto de vista, esto es un win-win, ya que se genera un vínculo estrecho con el equipo y este trabaja cómodo sabiendo que hay un par con el que puede contar. Además, se aumenta el grado de compromiso con el PM y con el proyecto, lo que lleva a mejores resultados.

– Por último, lo que pensé que iba a ser más desafiante fue la gestión propiamente dicha. Pero me di cuenta de que el traductor es un PM nato. Cuando trabajamos freelance, tratamos con varios clientes a la vez; evaluamos los archivos antes de aceptar un proyecto; calculamos la métrica, llevamos planillas con montos, fechas de entrega, clientes, órdenes pendientes de cobro, facturación, etc. La organización personal es una parte fundamental que desarrollamos cuando nos lanzamos al mundo laboral. Exactamente las mismas tareas de un PM, pero a nivel individual.
En conclusión, puedo decir que haber sido PM fue una de las experiencias más enriquecedoras de mi carrera, ya que reforcé mis conocimientos de gestión y mis habilidades para trabajar en equipo. Además, la fusión de estos dos mundos me permitió garantizar la satisfacción tanto del cliente como de los equipos, llevar a cabo con éxito cada proyecto y entregar una calidad óptima.
Espero que este resumen de mi experiencia personal los anime a adentrarse en esta desafiante, pero muy gratificante aventura de la gestión de proyectos.

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