El mercado local existe, pero todavía no lo sabe

Fernando D’Aloia – Latin-data

Desde fines de los noventa, tuve un contacto accidental con las traducciones a partir de pedidos puntuales de clientes. Como outsider de la industria, especializado en comunicación corporativa y marketing, solo atiné a resolver la demanda mediante la contratación inorgánica de freelancers. Era una parte marginal del negocio, sin un proceso definido, sin herramientas específicas y con un alto grado de improvisación, dado que nuestro principal valor agregado siempre fue la generación de contenidos, la estrategia de comunicación y la ejecución de campañas de marketing. Con el tiempo, el volumen de traducciones que nos solicitaban fue creciendo de manera exponencial.

Hace exactamente una década, como consecuencia de ese crecimiento descubrí un “mundo nuevo”. En verdad, ese mundo ya existía, solo que no lo conocía como tal. Un cliente, líder global en tecnología, contrató nuestros servicios de traducciones al español para toda la región. Así, sin buscarlo, me vi enmarañado en terminología, herramientas y procesos que desconocía en absoluto.

Luego de participar de la Conferencia Anual de GALA (Globalization and Localization Association) en Praga (2009) y gracias a algunos miembros de Translated in Argentina que allí encontré, descubrí que la profesionalidad, las herramientas tecnológicas y el volumen global del negocio de las traducciones era una cosa realmente muy seria. Pero casi nadie en la región tenía conciencia real de la importancia de esta industria.

En 2012, con el apoyo incondicional de Fabiano Cid, por entonces miembro del board de GALA, Gabriela Morales (Rosario Traducciones), Allison Ferch (GALA), Laura Brandon (GALA), Shelly Priebe y Hans Fenstermacher entre otros, realizamos el primer evento regional de GALA en Buenos Aires con la idea de evangelizar y concientizar entre empresas locales y actores de la industria, acerca de qué hablamos cuando hablamos de traducciones.

En ese momento, muchos traductores, intérpretes o lingüistas no tenían noción de la dimensión real del mercado, de la demanda, de cómo acceder a clientes en el extranjero de manera directa o a través de LSPs (Language Services Providers). Pero las empresas y organizaciones tampoco valoraban la importancia de la traducción profesional y la consistencia terminológica, del uso de tecnología aplicada, del “tono local” como puerta de entrada más directa para cualquier tipo de venta.

En estos años, hemos visto crecer desde dentro en esta todavía incipiente industria a muchos microemprendimientos surgidos del empuje de traductores independientes que se agruparon o se asociaron, o simplemente de freelancers que encontraron el camino para entrar en el mercado internacional o captar parte del mercado local, todavía poco adepto a invertir lo que corresponde en traducciones profesionales, que consideran erróneamente como gasto.

Sin embargo, estamos todavía en pañales. Sobre todo, en términos de concientización y promoción de los servicios que brindamos quienes estamos inmersos en el sector. Por caso, muchas empresas medianas o grandes aún no tienen conocimiento de las herramientas, los procesos y sobre todo de los beneficios de trabajar con profesionalidad en este tema. Hablar de CAT tools, de TMs, de CMS o de DTP, puede resultar una serie de siglas ininteligibles para quienes toman decisiones de internacionalizar marcas o empresas, o de quienes tienen necesidades de traducir y localizar contenidos que llegan en lenguas extranjeras.

Peter Drucker inmortalizó la frase del físico y matemático William Kelvin, que decía: “Si no se puede medir, no se puede mejorar”. Ya casi terminando 2019, no hay todavía estadísticas ni datos confiables acerca de la cantidad de recursos, del volumen de facturación, del potencial de mercado o de la madurez, tanto de empresas como de clientes, en términos de incorporación de tecnología a sus procesos de traducción. Ese es el estado del arte de esta industria en la región.

Sin embargo, hay un par de datos alentadores. En 2017, en Argentina, la Subsecretaría de Servicios Tecnológicos y Productivos de la Nación, a partir de las inquietudes que le acercaron algunos integrantes de la Asociación Translated in Argentina (TINA), convocó a distintos actores del sector a trabajar junto a las autoridades del área en la elaboración de un plan de trabajo para incluir a las traducciones y sus actividades derivadas como un rubro en sí mismo dentro de los llamados servicios basados en el conocimiento, y como fuente de exportación de valor agregado (y, por ende, de ingreso de divisas al país). Esto dio visibilidad al sector e impulsó a varios traductores independientes, empresas pequeñas y asociaciones profesionales, a trabajar mancomunadamente en pos de instalar a las traducciones, tanto en el mercado regional como en las autoridades gubernamentales de los países, como un gran generador de valor agregado. Si bien el organismo se disolvió, quedó planteada la iniciativa y se logró que se tuviera en cuenta a las entidades vinculadas a las traducciones como parte de los beneficiarios de la Ley de Economía del Conocimiento, que entró en vigor este año.

Otro hecho clave fue la realización, ese mismo año, del I Congreso Latinoamericano de la Industria de la Traducción (CLINT2017), con la participación de disertantes y expositores de nivel internacional y un numeroso grupo de asistentes que colmó las instalaciones del Campus de la Universidad Siglo 21 de la ciudad de Córdoba. Este año, con casi 300 participantes, se repitió la experiencia con CLINT2019 y fue nuevamente un éxito porque más empresas, más potenciales clientes y más traductores independientes se sumaron y participaron activamente tanto de las disertaciones como de las actividades que impulsa TINA como parte de los objetivos de la organización. La continuidad de futuras ediciones de este encuentro es clave para continuar con la amplificación de los beneficios, las tendencias, la importancia del sector.

Queda mucho por hacer, pero lo más importante es poder empezar a medir y lograr que aquellos que tienen acceso directo a clientes (agencias de comunicación, marketing, publicidad, relaciones públicas, recursos humanos, capacitaciones o asesoramiento empresarial) internalicen y luego transmitan a las empresas, la importancia de utilizar a profesionales (compañías, traductores independientes o grupos colaborativos) para comunicar, vender, formar e informar.